martes, 16 de agosto de 2016

Cuestíón 7. ¿Por qué creer en Jesús (y no en Buda, Confuncio, u otro)?



Los rasgos originales e incomparables de Jesús de Nazareth.[1]

   El filósofo contemporáneo Karl Jaspers escribió un libro en el cual habla de: “Los hombres decisivos: Sócrates, Buda, Confucio, Jesús.”
  Pero si los analizamos, vemos que ninguno de ellos se manifiesta como “Hijo de Dios”, ni siquiera como un enviado de Dios.
   Sócrates fue un hombre muy sabio que poseyó conocimientos profundos sobre la persona humana. Bajo los estratos del saber superficial o sólo aparente de otros y de sí mismo pudo poner al descubierto la profunda ignorancia de la perso­na que distingue a ésta de lo divino; y ello en virtud de una inspiración sobrenatural, que le permitía detectar lo recto y verda­dero. Se podría llegar a decir que fue una especie de “profeta”, fuera de la Revelación bíblica. Pero él nunca afirmó de sí mismo que fuera otra cosa que un “filósofo”: justamente es él quien inventa esta palabra, y que podría traducirse como: “uno que ama y busca la sabiduría”... pero no la tiene completamente (con este concepto criticaba a los “sofistas”: los que se llamaban a sí mismos “sabios” y –muchas veces– no eran más que charlatanes). Es más: la frase más conocida de Sócrates es: “lo único que sé, es que no sé nada”. Con todo lo cual, vemos que  Sócrates no intenta siquiera formar una religión natural, ni nada parecido.
   Buda tampoco tiene pretensiones divinas, ni quiere fundar una religión. Ni siquiera habla de Dios... mucho menos, se le ocurre afirmar que él sea Dios, o su enviado suyo. Lo que al Buda lo obsesiona es el problema del dolor humano, y propone un camino de autodisciplina y espiritualidad para huir de la experiencia del dolor. El Buda es tan solo un ejemplo, un guía y un maestro para aquellos seres que deben recorrer la senda por su cuenta y lograr el despertar espiritual. El sistema budista de filosofía y práctica meditativa no fue una revelación divina, sino más bien una “iluminación espiritual” (“buda” significa “iluminado”). El Buda propone “cuatro nobles verdades” que quieren conducir a la persona a un estado de “nirvana” (“apagamiento”: nirvana procede de nirvuto: “apagado”), estado en el cual, la persona ya no sufre, pues se ha fundido con el Absoluto y ha desaparecido definitivamente en ese Absoluto.
   Confucio, por su parte fue una especie de ministro de Justicia, que quiere establecer una sociedad justa basada en principios filosófico-políticos. Se planteó cambiar las costumbres de China por lo que realizó una intensa campaña educativa, complementada con la escritura y edición de cuatro libros de carácter moral con los que muestra el camino de la sabiduría y la moderación. Consiguió un buen número de adeptos que extendieron sus ideas. El sistema filosófico-político planteado por Confucio está basado en la necesidad del estudio de los textos canónicos y en la bondad, medios imprescindibles para el perfeccionamiento moral del individuo. Por lo cual, Confucio es fundador de un sistema ético –no religioso– basado  sobre la justicia y la convivencia en armonía. Lejos de la mística y de las creencias religiosas, el confucionismo se propone como una filosofía práctica, como un sistema de pensamiento orientado hacia la vida y destinado al perfeccionamiento de uno mismo. El objetivo, en último término, no es la "salvación", sino la sabiduría y el autoconocimiento.

   Al contrario de todos los anteriores, Jesús afirmó de sí mismo que era el Hijo de Dios y Dios mismo (cf. Mt 22, 41–46); se adjudica también ese carácter divino al modificar la ley de Dios (que sólo Dios, entonces puede modificar) (cf. Mt 5, 21–48); y también se atribuye a sí mismo el poder divino de perdonar los pecados, cosa nunca vista en el mundo, ni siquiera en el Antiguo Testamento (allí, los más grandes hombres –Abraham, Moisés, Elías– no sólo no pretenden tener ese poder, sino que piden perdón a Dios por sus propios pecados).
   Además, sólo de Jesús se afirma que resucitó y, como veremos en el punto 2.3. del programa, podemos tener un acceso indirecto, pero convincente, a la realidad de su resurrección.



[1] A. Leonard, Razones para creer, Herder, Barcelona, 1990; pp. 92-111 (capítulo 6: la figura incomparable de Jesús).

viernes, 10 de junio de 2016

Cuestionario guía 1



Cuestión 1

1. Comentar Rm 1, 18-28: ¿Qué nos dice San Pablo allí, en relación al conocimiento de Dios?
2. Comentar Rm 2, 14-16: ¿Qué nos dice San Pablo allí, en relación al conocimiento de la ley de Dios?
3. ¿Cómo se relaciona la religión con el deseo de felicidad del ser humano?
4. Las religiones creadas por el hombre ¿qué tienen de positivo? ¿Y qué tienen de negativo?
5. Si alguien nos dice que la religión es aburrida ¿que le podemos responder?
6. Si alguien nos dice que la religión impone muchas reglas y límites que no permiten ser feliz ¿que le podemos responder?

Cuestión 2

7. Explicar los tres modos de conocimiento ¿en cuál de ellos se inscribe el conocimiento religioso?
8. ¿Qué consecuencias benéficas produce la religión, para la persona y para la sociedad?
9. Explicar la definición de religión desde el punto de vista filosófico-teológico.
10. Describir qué es religión, desde el punto de vista de la historia de las religiones.

Cuestión 3

11. Comentar la primera vía, a partir de la “parábola del tren”.
12. Comentar la tercera vía, a partir de la “parábola del primer minuto de la creación”.
13. Comentar la cuarta vía, a partir de la “parábola del agua caliente”.
14. Comentar la quinta vía, a partir de las “parábolas del crucigrama y del programador”.

Cuestión 5

15. ¿Por qué decimos que es posible –e incluso probable– que Dios se revele al hombre?
16. “El hombre es un ser abierto al diálogo y a la comunión”: Explicar el sentido de la frase, y relacionarla con Dios.
17. ¿Por qué el sensismo es una explicación insuficiente?
18. ¿Cuál es la falencia del cientificismo?
19. ¿Cómo podemos demostrar la existencia de un alma espiritual en el hombre?

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Cuestión 8 (Cuestionario-guía sobre las folias de “Cristología Fundamental”).[1]                                            

1. ¿Qué significa que el anuncio del evangelio es “un testimonio realizado en la fe, sobre un acontecimiento acaecido en la historia” (pág. 333, al final)? ¿Cómo se vinculan historia y testimonio en el anuncio de la Buena Noticia? [2]
2. ¿Qué quiere decir el autor cuando afirma –al principio de la pág. 335– “lo que cuenta es que este último (el historiador agnóstico) no pueda decir que tales conclusiones son formalmente contradecidas por los datos de la historia”?
3. Establecer las cuatro etapas en la investigación sobre Jesús de Nazareth, atendiendo sobre todo a la actitud fundamental de cada una de ellas respecto de la posibilidad de acceder a Jesús en la historia.
4. Explicar el “criterio de plausibilidad histórica” en relación con la investigación sobre Jesús.
5. ¿Por qué el contexto semita-arameo en los dichos y hechos de Jesús es un criterio de historicidad?
6. ¿Qué afirma el “criterio de desemejanza”?
7. Explicar el “criterio de atestación múltiple. Además, ¿qué posibilidades y límites presenta este criterio?
8. Establecer las fechas fundamentales en la cronología sobre Jesús (nacimiento y crucifixión).
9. ¿Qué testimonios extracristianos encontramos sobre Jesús? ¿Qué valor le podemos otorgar al Testimonium Flavianum?
10. Aparentemente, los historiadores no cristianos no dicen mucho sobre Jesús ¿cómo explicamos esto? ¿Hay casos semejantes en la historia?
11. ¿Qué significa la frase de J. Jeremías citada al final de la pág. 367?
12. ¿Qué valor histórico podemos atribuirle a los evangelios apócrifos?
13. ¿Cuáles son los once datos básicos de la historia de Jesús de Nazareth?


[1] Tomadas de Salvador Pié-Ninot, La Teología Fundamental, Salamanca, 2001; pp. 327-401.
[2] Tener en cuenta lo dicho en la pág. 345 (segundo párrafo) sobre “la historia que trata de personas y comporta una experiencia”.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Cuestión 6: ¿Dios le habló a la humanidad? (Religión revelada e historia).



   En la cuestión 5 vimos que es, no sólo posible, sino incluso probable, que Dios le hable a la humanidad. Los judíos y los cristianos decimos que esa revelación comenzó cuando Dios llamó a Abraham. Y los cristianos decimos que esa comunicación de Dios con la humanidad alcanza su cumbre en el envío de su Hijo al mundo.
            De aquí en adelante deberemos revisar si estas afirmaciones tienen suficiente fundamento, como para ser aceptadas razonablemente por una persona sensata.


1. La conveniencia de una revelación de Dios en la historia.

            El hombre es un ser histórico por naturaleza. Por eso, si Dios quisiera comunicarse con el hombre, sería conveniente que lo haga en la historia, que es el ámbito propio del hombre. Además, esto dejaría a salvo la trascendencia de Dios –que se manifestaría en la historia, pero no estaría “encerrado” en ella– y mostraría el valor mismo de la creación y de la historia del hombre (al contrario de las religiones puramente místicas, que huyen de la historia, y desprecian la creación material).
            Además, el hombre es un ser relacional por naturaleza. Toda su existencia está tejida de relaciones y

Cuestión 5: ¿Puede haber una comunicación de Dios con el hombre?



Objeción: Dios es infinitamente otro...
      
1. Desde Dios.

1.1. Dios es Luz: es posible que se revele al hombre.

            Hemos visto que Dios es el Ser Supremo, Absolutamente Simple e Infinitamente Perfecto. Como decíamos en la Cuestión 4, decantando el contenido de la “cuarta vía”: “Dios es la Vida, Dios es la Verdad, Dios es el Bien, Dios es la Belleza; es decir: Dios es la realización perfecta, infinita y simultánea de todas las cualidades positivas, en un solo Ser”.[1]
            Tomemos de aquí la afirmación “Dios es la Verdad” –o, como le gusta decir a San Juan “Dios es Luz” (1ª Jn 1,5; ver también Jn 9,5 y Ap 21,23; 22,5). Si Dios es la Verdad, si Dios es la Luz, entonces Dios es lo máximamente cognoscible: no hay nada más visible que la Luz –la cual, incluso, nos permite ver las otras cosas–, no hay nada más claro que la Verdad. Por eso, la contemplación de Dios nos llenará de Luz y de Sabiduría.
            Y también vimos que Dios es un Ser Personal.[2] Y, como todo ser personal tiene conocimiento de sí mismo, también Dios se conoce a Sí mismo, pero en Su caso esto se realiza de modo infinito y perfecto. En este sentido, si Dios quisiera revelarse al hombre, lo podría hacer de un modo pleno;  pues, ni siquiera tendría el obstáculo que tenemos nosotros a veces, cuando queremos decir a otro lo que nos pasa... y no sabemos, o no podemos.
            Desde estas dos perspectivas –“Dios es la Verdad” y “Dios se conoce a Sí mismo”–, podemos decir que es posible que Dios se revele al hombre.[3]


1.2. Dios es Amor: es probable que nos invite a una relación interpersonal amistosa.

            Pero hay algo más. También hemos recordado recién que “Dios es el Bien”, Dios es la Bondad. O, como le gusta decir a San Juan “Dios es Amor” (1ª Jn 4,8). Y lo propio de la bondad, lo propio del amor es dar... y, sobre 

martes, 10 de mayo de 2016

Cuestión 4: ¿Cómo es Dios?



1. Objeciones.

1. Dios es castigador: así lo muestran los mismos textos de la Biblia, como el Diluvio (Gn 6,9ss) o las plagas de Egipto (Ex 7,14ss).
2. Muchas religiones de la historia han creído en muchos dioses y no en uno. Así que no queda claro por qué haya que creer en un Dios.

2. Respuesta general.

Siguiendo la reflexión que iniciamos en la Cuestión 3 podemos decir:
1. La primera vía nos mostró a Dios como el “Primer Motor Inmóvil” (o, como decíamos en la parábola, la “Perfecta Locomotora Universal de la Vida, la Luz y el Amor”) entonces –y ya está dicho– Dios es infinitamente Perfecto.[1] Y, ya habíamos visto allí, que esta Perfección infinita incluye la Inteligencia, la Voluntad, etc., y por lo tanto, Dios es un Ser Personal.[2]
2. La segunda vía nos mostró a Dios como la “Causa incausada universal” (o el “Creador increado”), entonces Dios es absolutamente Simple.
Esto es así porque Dios no tiene composición alguna: no tiene materia (porque la materia implica tener potencialidad); no tiene composición de esencia y existencia (como vimos en la tercera vía); ni tampoco tiene composición de sustancia y accidentes (pues, en este caso la sustancia está en relación de “potencia” a los accidentes que la ponen en “acto”).[3]
Además, Dios no puede ser compuesto, pues todo compuesto depende de sus elementos componentes, que son anteriores a él… y Dios no depende de nada, y no hay nada anterior a Él.
Por otra parte, “todo lo compuesto es causado” (o –lo que es lo mismo– creado) pues los elementos de un compuesto se reúnen, gracias a una causa que los une.
3. La tercera vía nos mostró a Dios como el “Ser Necesario” (que existe, y no puede no existir); y esto es así porque Dios es su propia Existencia Infinita. O, como dice el CCE 213: “Dios es la plenitud del Ser y de toda perfección, sin origen y sin fin… (Dios) es su Ser mismo y es por Sí mismo todo lo que es.”
4. La cuarta vía, nos mostraba también a Dios como el Ser Supremo en Quien residen de modo perfecto todas las que cualidades que comunica “según grados” a sus criaturas: Dios es la Vida, Dios es la Verdad, Dios es el Bien, Dios es la Belleza; es decir: Dios es la realización perfecta, infinita y simultánea de todas las cualidades positivas, en un solo Ser.[4]
5. La quinta vía nos mostró a Dios como el Ordenador del Universo, lleno de Sabiduría, Poder y Amor
bondadoso por sus criaturas. Como dice –orando a Dios– el autor del libro de la Sabiduría (11, 20-26):
“…Tú lo has dispuesto todo con medida, número y peso.... Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho, porque si hubieras odiado algo, no lo habrías creado. ¿Cómo podría subsistir una cosa si tú no quisieras? ¿Cómo se conservaría si no la hubieras llamado? Pero tú eres indulgente con todos, ya que todo es tuyo, Señor que amas la vida.”

3. Respuestas a las objeciones.

1. Los textos bíblicos del principio del Antiguo Testamento reflejan a veces concepciones precarias que el Pueblo de Dios tenía en ese momento inicial de su historia. Dios entabla un diálogo que implica etapas. Y, las primeras etapas no son tan perfectas como las últimas. Y esto es así a causa de la imperfección del hombre, que Dios conoce y asume. Esto explica que en los textos más primitivos del Antiguo Testamento haya “elementos imperfectos y pasajeros” que hacen a “la divina pedagogía del amor salvífico de Dios” (CCE 122, citando DV 15). Textos que muestran a un Dios vengativo, ideas precarias o actitudes éticas deplorables, no pretenden ser Revelación de Dios, sino que expresan las ideas y vivencias que el Pueblo de Dios tenía al comienzo de su proceso catequístico. Y Dios –indudablemente, el más sabio y paciente de los catequistas– soporta esas ideas y actitudes en su Pueblo, y las va corrigiendo poco a poco. Cuando llega la plenitud de la Revelación, con el envío del Hijo y del Espíritu Santo, aquellos errores del Pueblo alcanzan su rectificación final.
Como conclusión general podemos decir que: cuando un contenido del Antiguo Testamento resulta problemático de entender, debemos fijarnos cómo corrige el Nuevo Testamento ese tema y, darnos cuenta que la precariedad del texto antiguo era “paciencia de Dios” que no podía corregirnos todo desde el principio.

2. Si Dios es Perfecto, necesariamente tiene que ser Uno. Pues vemos que cada uno de los “dioses” de la mitología tienen un poder limitado (por el poder de los otros dioses): si hay multiplicidad de divinidades, en realidad, ninguna es divina; es decir, ninguna es perfecta, infinita, omnipotente, etc.
Además, también vimos en la respuesta general, que Dios es absolutamente simple, por lo cual la sustancia divina no puede dividirse.


[1] El concepto de “inmóvil” aquí no significa “quieto” sino que no puede “moverse” hacia una mayor perfección (porque ya es perfecto) y no puede decaer de su perfección (justamente porque es perfecto). O sea: “inmóvil” es sinónimo de perfecto.
Por eso, podemos decir que el concepto de “Primer Motor Inmovil” implica perfección respecto de sí mismo y comunicación respecto de la serie que inaugura.
[2] De hecho, cada vez que digamos que “Dios es Perfecto” está incluido que es Personal. Si no fuera así, nosotros seríamos más perfectos que Él, que nos dio el ser. Y esto es absurdo.
[3] Acto y potencia son realidades metafísicas. El acto significa realización y perfección, mientras que la potencia es pura posibilidad de ser algo.
[4] La reflexión cristiana ha puesto como ejemplo de esto a la luz del sol: es simple y transparente, pero contiene en sí misma todos los colores que existen (como se comprueba al descomponerla con un prisma de cristal).