En
la cuestión 5 vimos que es, no sólo posible, sino incluso probable, que Dios le
hable a la humanidad. Los judíos y los cristianos decimos que esa revelación comenzó
cuando Dios llamó a Abraham. Y los cristianos decimos que esa comunicación de
Dios con la humanidad alcanza su cumbre en el envío de su Hijo al mundo.
De aquí en adelante deberemos
revisar si estas afirmaciones tienen suficiente fundamento, como para ser
aceptadas razonablemente por una persona sensata.
1.
La conveniencia de una revelación de Dios en la historia.
El hombre es un ser histórico por
naturaleza. Por eso, si Dios quisiera comunicarse con el hombre, sería
conveniente que lo haga en la historia, que es el ámbito propio del hombre. Además,
esto dejaría a salvo la trascendencia de Dios –que se manifestaría en la
historia, pero no estaría “encerrado” en ella– y mostraría el valor mismo de la
creación y de la historia del hombre (al contrario de las religiones puramente
místicas, que huyen de la historia, y desprecian la creación material).
Además, el hombre es un ser
relacional por naturaleza. Toda su existencia está tejida de relaciones y
mediaciones, desde su mismo origen: sus padres, su familia, su cultura... Nadie
se da la vida a sí mismo; y el ser humano no puede desarrollarse sin un entorno
humano. Por eso, también será conveniente que la revelación de Dios respete
esta relacionalidad del hombre. Razonablemente podemos esperar, entonces, que
en la revelación de Dios haya un tejido de relaciones interpersonales y
mediaciones.
Por eso, si alguien no descubre que Dios le haya
hablado en su propia existencia individual, debe volcarse a investigar en la
historia, para ver si Dios le ha hablado a la humanidad. Porque si Dios le ha
hablado a la humanidad, entonces le ha hablado a cada miembro de la gran
familia humana.
2.
La revelación sobrenatural-histórica.
El cristianismo, como religión
revelada y sobrenatural, presenta una conjunción
ideal de los elementos que el hombre no logró congeniar en las religiones
naturales que había inventado. El cristianismo:
– valora la naturaleza como creación
de Dios, y primer “mensaje” de Dios a la humanidad; y muestra que la naturaleza
está al servicio del hombre, que es “imagen de Dios”. Pero rechaza la
divinización de la naturaleza, cosa que sucedió en diversas idolatrías y
panteísmos.
– valora la mística y la
interioridad humana, pues el cristianismo es diálogo y comunión con Dios, que
se fundamentan en la fe, la esperanza y el amor; además, implica la oración y
la meditación. Pero no cae en el exceso que cayeron las religiones puramente
místicas (individualismo, subjetivismo, dualismo); pues la mística cristiana
lleva al compromiso histórico, al servicio fraterno y a la comunión universal.[1]
– valora la historia como ámbito
propio del hombre y de la comunidad humana, y lugar de encuentro del hombre con
Dios. Además, la historia implica la libertad del hombre, y es el ámbito propio
del diálogo –que necesita del tiempo para desarrollarse–. Todo esto no sucedía ni
en las religiones que divinizaban la naturaleza, ni en las religiones puramente
místicas.[2]
Que esta conjunción
que presenta el cristianismo sea ideal,
es un signo que manifiesta que el cristianismo procede de Dios... pues
ninguna creación humana es ideal.
Además, la dimensión histórica del cristianismo –y,
antes, de la Antigua Alianza– permiten que el hombre “escape” del eterno
retorno (circular), que era la visión del mundo que tenía toda la humanidad
antes de la revelación divina, y en la cual el hombre quedaba sin posibilidad de
trascendencia. En cambio, la visión bíblica de la historia no es circular, sino
lineal; y con una línea ascendente... que conduce hacia la plenitud, hacia la
felicidad, y hacia Dios mismo.
3.
La sabiduría, belleza y bondad de la revelación sobrenatural histórica.
La revelación de Dios en la historia
se produce por medio del diálogo, y tiene por finalidad la comunión.
La Palabra de Dios habla, revela y
promete, y el hombre escucha, cree y espera.
En la historia, Dios bendice y
libera, y el hombre responde a Dios con su alabanza y con su amor.
En la historia, Dios se forma un
Pueblo, que recupera a la humanidad de sus divisiones, odios y confrontaciones.
En la historia, Dios invita al
hombre al encuentro, y el hombre –desde su libertad– acepta... o no.
4.
Las etapas de la revelación y la plenitud que es Cristo: leer CCE 54-65.
5.
Consecuencia de la plenitud que es Cristo.
1. Para la misma revelación: leer CCE
66-67.
2. Para la Iglesia: CCE 849-850;
858-863.
[1] En las religiones de la
naturaleza, la naturaleza es divinizada; en las religiones puramente místicas,
la naturaleza es negada; y, en ambos casos, la naturaleza es desnaturalizada.
[2] ¿Cuál es diferencia entre tiempo
e historia? El tiempo es una realidad “física”: el tiempo pasa para todos: para
los hombres pero también para las hormigas, los potus y los autos. En cambio,
sólo los seres humanos hacemos historia y vivimos historias: la historia
implica libertad, diálogo, encuentro o desencuentro, etc.
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