Objeción: Dios es infinitamente otro...
1. Desde Dios.
1.1. Dios es Luz: es posible que se revele al
hombre.
Hemos
visto que Dios es el Ser Supremo, Absolutamente Simple e Infinitamente
Perfecto. Como decíamos en la Cuestión 4, decantando el contenido de la “cuarta
vía”: “Dios es la Vida, Dios es la
Verdad, Dios es el Bien, Dios es la Belleza; es decir: Dios es la realización
perfecta, infinita y simultánea de todas las cualidades positivas, en un solo
Ser”.[1]
Tomemos
de aquí la afirmación “Dios es la Verdad” –o, como le gusta decir a San Juan
“Dios es Luz” (1ª Jn 1,5; ver también Jn 9,5 y Ap 21,23; 22,5). Si Dios es la
Verdad, si Dios es la Luz, entonces Dios es lo máximamente cognoscible: no hay nada más visible que la Luz –la
cual, incluso, nos permite ver las otras cosas–, no hay nada más claro que la
Verdad. Por eso, la contemplación de Dios nos llenará de Luz y de Sabiduría.
Y
también vimos que Dios es un Ser Personal.[2]
Y, como todo ser personal tiene conocimiento de sí mismo, también Dios se conoce a Sí mismo, pero en Su
caso esto se realiza de modo infinito y perfecto. En este sentido, si Dios
quisiera revelarse al hombre, lo podría hacer de un modo pleno; pues, ni siquiera tendría el obstáculo que
tenemos nosotros a veces, cuando queremos decir a otro lo que nos pasa... y no
sabemos, o no podemos.
Desde
estas dos perspectivas –“Dios es la Verdad” y “Dios se conoce a Sí mismo”–,
podemos decir que es posible que
Dios se revele al hombre.[3]
1.2. Dios es Amor: es probable que nos invite a una relación
interpersonal amistosa.
Pero
hay algo más. También hemos recordado recién que “Dios es el Bien”, Dios es la
Bondad. O, como le gusta decir a San Juan “Dios es Amor” (1ª Jn 4,8). Y lo
propio de la bondad, lo propio del amor es dar... y, sobre
todo, darse.
todo, darse.
A lo
largo de la historia, Dios se ha mostrado bondadoso con el hombre: le ha dado
el ser, le ha dado un mundo en el cual vivir, le ha dado alimento para sustentarse.
Es decir, Dios ya tiene una “historia de bondad hacia el hombre”, pues le ha
dado muchos bienes.[4]
Pero lo más propio del amor es darse uno
mismo. Por eso, podemos pensar que Dios que es la Bondad, este “Dios que es
Amor”, quizás quiera coronar su historia de bondad hacia el hombre, dándose Él
mismo: revelándose (pues la palabra es el medio más preciso de comunicación
entre personas) e invitándonos a la comunión consigo (pues la “palabra amorosa”
o el “amor expresivo” es el modo más perfecto de comunicación entre personas).[5]
En
conclusión: como Dios es Bondad y Amor, y lo más propio de la bondad y el amor
es darse, podemos pensar que es probable que Dios se revele al hombre.[6]
2. Desde el hombre: La revelación sobrenatural
histórica como posibilidad para el hombre.
2.1. Solución por la vía
positiva: el hombre como ser abierto al diálogo y la comunión.
0. Introducción.
En la historia de la humanidad nos encontramos con
distintas comprensiones acerca de lo que es el hombre, o la realidad:
-
para el sensismo sólo es real aquel
conocimiento realizado por medio de los sentidos:
eso es la realidad (pero se equivoca: según
nuestros sentidos, el sol gira alrededor de la tierra; pero nosotros
sabemos que en realidad no es así).
-
para el cientificismo sólo es real
aquello que puede medir, pesar o contar.
Pero sabemos que no es así: también para un científico empirista existen el
amor o la traición, la libertad y la corrupción.
-
nosotros, que cultivamos el humanismo
cristiano, sostenemos el valor de los sentidos y de la ciencia como fuentes
de conocimiento. Pero corregimos las parcialidades de estas posturas -y las
completamos- con una visión inteligente
y sabia de todo el conjunto de
la realidad.
1. El hombre como ser relacional.
Cuanto
más nos elevamos en la escala de los seres, vemos que ellos tienen cada vez
mayor apertura (diálogo) y
relacionalidad con los otros seres. Así, vemos que una piedra no tiene mucha
capacidad de relación; una planta tiene bastante más; un animal mucho más, y
finalmente tenemos a la persona humana, que tiene una gran capacidad de diálogo
y relación con los demás seres y, sobre todo, con otras personas.
Inclusive,
dentro del mismo ámbito humano, vemos que un ser humano maduro tiene mayor
capacidad de diálogo y relación que un niño o un bebé. Aún más, quizás podamos
decir que el grado de madurez humana (no simplemente biológica o
cronológica) de una persona se puede constatar por su capacidad para el diálogo y la comunión (y su inmadurez, por su incapacidad
para esto).
Por
otra parte, ya los antiguos sabios han destacado que la felicidad se da sólo en
el ámbito de la amistad, del amor, de la comunión.
Por
eso, cerrarse al diálogo y a la amistad con alguien noble y sabio es una
necedad.
En la
unidad 1 vimos que el hombre ha buscado y busca relacionarse con el Ser
Supremo. Y si el diálogo y la amistad con alguien noble y sabio es algo bueno
para el hombre, ¡cuánto más lo será el diálogo y la amistad con Dios mismo!
Éste es el sentido profundo que tienen los dos primeros capítulos del libro del
Génesis.
Por
eso, nosotros decimos que la apertura
del hombre a la Revelación y la Alianza con Dios, está en la misma naturaleza del hombre: el hombre es “capaz de Dios” (si bien, la realización de esas Revelación y
Alianza sean ya de orden sobrenatural,
pues depende del don de Dios).
Por
eso, no aceptar la Palabra y el Amor de Dios, es totalmente contrario a la
naturaleza humana. Solamente en concepciones muy distorsionadas sobre Dios y
sobre el hombre (Nietzsche, Sartre),[7]
se puede sostener que el encuentro con Dios no es bueno para el hombre.
2. El contenido de la Revelación y el efecto de la
Alianza.
El
contenido de la Revelación y el efecto de la Alianza no son caprichosos ni
insustanciales. Si Dios se comunica, esto tiene que ver con la salvación del
hombre, pues Dios es la fuente de la Vida, de la Luz y del Amor. Si el hombre
se cierra a esta relación, se daña a sí mismo.
3. La supereminencia de Dios.
Una
lúcida auto-comprensión del hombre, incluye su conciencia de ser creatura. Y,
por lo tanto, con una referencia fundamental al Creador, que es su Fuente.
Por
otra parte, el Creador es soberanamente libre de comunicarse o no. Si lo hace,
es un don de Sí, que es gracia.
Si
Dios habló (y si tenemos cierta conciencia y experiencia de Quien es Él:
Sabiduría, Bondad, Creador, Padre...), entonces hay que creerle “por que sí”.
Dios
no está en función de nada ni de nadie. Si la revelación y la alianza tienen
sentido para nosotros, es porque
Dios es nuestra Fuente de Vida y de Ser. Pero esto no significa que Dios esté
en función de nuestra salvación, que sea un medio para alcanzar un fin.
Y si
Dios jamás hablara, la realización humana consistiría en escuchar el eterno
silencio de Dios (cf. K. Rahner, Escritos de Teología 4, 151).
4. Conclusión.
El
hombre, por naturaleza, está abierto al conocimiento y al amor. El hombre tiene
una inquietud constante que lo empuja a querer saber más y a querer ser feliz.
Y esto lo diferencia radicalmente de los animales.[8] No nos conformamos con lo que tenemos, sino
que avanzamos sin pausa. Generamos cultura.
El
origen de este movimiento está en la espiritualidad del hombre, que es una
cierta forma de infinitud. El espíritu humano es “infinito en potencia”:
siempre puede saber algo más, siempre puede avanzar un poco más...
La
capacidad universalizante y abstractiva de la mente humana es una prueba de la
espiritualidad del hombre. También lo es la capacidad que tiene la conciencia
humana para “girar completamente sobre sí misma”[9]
y observarse, siendo ella misma (al mismo tiempo) sujeto y objeto de
conocimiento: la materia no puede realizar esto.
La
espiritualidad del hombre es la que abre la puerta al diálogo y a la comunión.
Ante el espíritu humano, que puede leer en lo profundo de las cosas, se desvela
el misterio de la existencia, la maravilla del ser. El ser humano pasa del
conocimiento de las cosas particulares, al deseo de conocer el conjunto de la
realidad. Y el siguiente paso es el deseo de conocer el Origen y Fundamento de
la realidad. En ese momento aparece el interrogante religioso: ¿de donde
venimos? ¿hacia dónde vamos?, etc.[10]
2. Solución por la vía
negativa.
1. Crítica del sensismo y del cientificismo.
Algunos
sostienen que el conocimiento se reduce a los sentidos, a la experiencia
sensible. Esta concepción adquiere forma de elaboración filosófica en el
empirismo y en el positivismo. Otros afirman que sólo existe aquello que se
puede contar, pesar o medir (materialismo).
Pero
¿qué es la experiencia? ¿qué es “experimentar” para un ser humano? Ya
Aristóteles había señalado que los
sentidos solos a veces nos engañan (inclusive, si nos atenemos a lo que nos
informan nuestros sentidos,
tendríamos que sostener que el sol gira alrededor de la tierra, y que ésta está
quieta; pero sabemos que, en realidad, no es así). Y, si lo que
yo sostengo no es sólo la exclusividad del conocimiento por medio de los sentidos, sino la exclusividad del
conocimiento por medio de mis sentidos,
aún hay mayor riesgo de engañarse. Si puedo equivocarme por confiar sólo en mi inteligencia, cuánto más en sólo mis
sentidos...
Si
miramos las cosas con detenimiento, vemos que el análisis de laboratorio no
agota el acceso a lo real. Un análisis bioquímico no me dice qué es una lágrima
humana, sólo me dice cómo es. Realidades como la lealtad, el amor, la soberbia,
el martirio, la justicia, etc. quedan fuera del foco del microscopio, pero son
las realidades más profundas de la vida.
En
realidad, lo que conviene es que todo el
hombre viviente sea el perceptor de la realidad, en sus variados niveles de percepción:
sensible, psíquica y espiritual. Así nos aseguramos el más amplio y profundo
contacto con la realidad (incluido el análisis científico, etc.).
Lo
verdaderamente científico es la apertura a la realidad, el buscar la verdad, el
no querer perderse de nada. Y si algún método científico impone límites a priori, habrá que abrir los límites
prejuiciosos de ese método. [11]
Un
científico no puede dogmatizar. Si un experimento dio el mismo resultado 99
veces, sólo puede decir que probablemente
el experimento nº 100 tendrá el mismo resultado, pero no puede asegurarlo:
quizás los elementos que utiliza cambian de características en la repetición nº
100; quizás no tuvo en cuenta... tantas cosas. Todo lo que tiene el científico
es una presunción, no una prueba, ni
una conclusión.
Por
eso sostenemos que es mejor acercarse a la realidad con un método menos rígido
-y más realista- que sepa captar los variados matices de lo real.
2. La ética presupuesta.
Esta
manera de acercarse a lo real presupone una ética: amar la verdad más que mis
propias ideas; respetar lo real, tal como es; liberarse de pasiones
desordenadas que obnubilen la mirada o inclinen el corazón desordenadamente;
aplicación profunda y disciplinada para analizar la realidad, etc.
Apéndice: Reflexión para
descubrir que en el ser humano existe un principio espiritual e inmortal
(que habitualmente llamamos
alma).
La
siguiente reflexión es un acceso racional (es decir, un acceso posible sin
necesidad de tener fe religiosa) a la realidad de la existencia un alma
espiritual e inmortal en el ser humano. De hecho, esta reflexión ha sido hecha
por algunos filósofos, como por ejemplo, Aristóteles. Por otra parte, éste es un
tema tradicional en la teología católica; un representante de ella podría ser
Tomás de Aquino.
Dado
que el presente escrito está destinado a personas sin formación específica en
el área de la filosofía, usaré un vocabulario menos preciso y tradicional que
el utilizado habitualmente por los especialistas.
1. En primer lugar conviene clarificar los conceptos
de causa y efecto, los cuales utilizamos para analizar la realidad:
-
causa: es el principio activo que
produce efectos.
-
efecto: es la realidad producida por
una causa.
Así, por ejemplo, los padres son causa de sus hijos, y
nuestra inteligencia produce ideas.
2. Luego, conviene notar lo siguiente: dado un
determinado efecto es necesario que
exista una causa que tenga -por lo menos- la misma calidad del efecto.
Por
ejemplo, si yo descubro que en mi casa alguien ha resuelto el crucigrama que
trae el diario, aunque yo no haya visto quien lo resolvió, puedo reflexionar al
respecto y decir que:
- el
perro no fue, porque no sabe leer ni escribir.
- mi
sobrino tampoco fue, pues aunque sabe leer y escribir, aún no tiene el
vocabulario ni la capacidad intelectual para resolver un crucigrama de cierta
complejidad.
- por
tanto, ha tenido que ser una persona que tenga una cierta capacidad
intelectual, adecuada para poder producir como efecto la resolución de ese
crucigrama.
- una
persona que tenga una capacidad intelectual mucho mayor que la necesaria para
resolver el crucigrama, obviamente también puede hacerlo.
Con
lo cual vemos un ejemplo del enunciado inicial: la persona que resolvió el
crucigrama debe tener, al menos, la
calidad intelectual para producir ese efecto. Puede tener más, pero no menos,
si no el efecto no se produce.
3. Ahora pasaremos del ejemplo a su aplicación a
nuestro tema.
Observamos
que las ideas que producimos los seres humanos son de orden espiritual. No son
como las percepciones de los animales irracionales, que están atadas
radicalmente a lo concreto y material. El perro percibe ese pedazo de carne
concreto; nosotros manejamos las ideas abstractas de “alimento”, “nutrición”,
etc. El perro se siente mal y se muere;
nosotros nos planteamos el sentido de la vida, el problema del más allá,
sabemos de antemano que vamos a morir, etc. El perro se conforma con tener
satisfechas sus necesidades físicas; nosotros no nos conformamos con menos que
una felicidad eterna.
También
nuestro modo de amar supera el nivel meramente animal, mostrando elementos
espirituales. Los fenómenos humanos de
amistad, don de sí mismo, fidelidad, lealtad (o sus contrarios) no se dan
en el mundo de los seres irracionales, pues ellos no tienen libertad, la cual es una conjunción de inteligencia y voluntad. Y todos estas
realidades son espirituales.
Ahora
bien, dijimos más arriba que un efecto dado implica necesariamente la
existencia de una causa que tenga, por lo menos, la misma calidad que el efecto
que observamos. Si nuestras ideas, nuestra libertad y nuestro modo de amar
tienen una dimensión espiritual, es necesario que exista una causa espiritual
que los produzca. A esa causa espiritual la solemos llamar alma.
4. Y si el alma es espiritual, también es inmortal,
dado que un ser muere por la disgregación de los elementos que lo componen.
Pero el espíritu no tiene partes o elementos disgregables, sino que es simple e
inmaterial. Por eso no puede disolverse o morir.
Nota: quien desee profundizar en este tema puede ver
en la 1ª Parte de la Suma Teológica de
Tomas de Aquino, los artículos que dedica el tema de la existencia del alma y
sus características. También se puede consultar la Historia de la filosofía de Johannes Hirschberger, cuando trata el
tema del alma en Aristóteles, y en general cualquier libro de filosofía
católica que considere el tema del hombre.
[1] Cuestión 4, respuesta general, punto 4.
[2] Cuestión 4, respuesta general, punto 1.
[3] “Posible” es “lo que puede
ser”, dado que no supone ninguna contradicción en sí mismo. Por consiguiente,
lo posible: “ahora no es”, pero “podría ser”. Se opone a lo necesario (que es,
y no puede no ser) y a lo imposible (que no puede ser).
[4] Y, por eso también, en las religiones
que el hombre inventó a lo largo de la historia siempre estuvo incluida la
“acción de gracias” a Dios por los bienes recibidos.
[5] Lo cual, en la Trinidad se realiza de modo supremo: “Verbum spirans amorem”: la Palabra que
espira al Amor.
[6] “Probable” es lo que sucede con frecuencia, lo verosímil, lo más
creíble, con la connotación de “posible” y, además le agrega que es “más seguro
que ocurra esto, que lo contrario”.
[7] En cuanto a Sartre, hablamos del “Sartre más conocido”. Porque es
poco conocido el desarrollo autocrítico que tuvo Sartre quien, después de
afirmar que había que “vivir sin esperanza” (en El existencialismo es un humanismo, de 1946) comenzó a darse cuenta
–todavía permaneciendo en un pensamiento materialista– que “sin esperanza” no
se puede llevar adelante un intento de revolución. A partir de allí, “el factor
esperanza” comenzó a desarrollarse en él, hasta –finalmente– tomar aspectos definitivamente bíblicos, a partir
de sus charlas con Benny Levy. Ha sido publicado recientemente –en lengua
española– el libro La esperanza ahora,
que es el último trabajo de Sartre (de 1980), y en el cual expone estas
perspectivas.
[8] Además, un tigre no puede “destigrarse”, pero un hombre puede
deshumanizarse.
[9] Los antiguos lo llamaban (en latín): “reditio completa in seipsum”.
[10] La secuencia Ex – Gn 12-50 – Gn 1-11 profundiza en el origen:
somos Pueblo de Dios – ¿Cuál es nuestro
origen? Los patriarcas – ¿Cuál es el origen de todo? Dios creador.
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