viernes, 14 de octubre de 2016

Cuestión 20: Modernidad, “posmodernidad” y cristianismo: respuestas cristianas a la “posmodernidad”.


Marcos generales de la respuesta cristiana.

1. El “principio de comunión” (a imagen de la Trinidad): la idea es conjugar los distintos aspectos buenos de la realidad, manteniendo la unidad en la diversidad. Sin caer ni en la uniformidad, ni en la división.
2) El “principio de encarnación” (a imagen de Cristo): todo lo humano verdadero y bueno es asimilable al Cristianismo, pues “la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14), haciéndose semejante a los hombres en todo, menos en el pecado (cf. Hb 4,15). De aquí se deriva la evangelización de la cultura, y la “inculturación” del Evangelio. Se produce así una coordinación subordinada, que pone en comunión lo natural y lo sobrenatural (a ejemplo de lo divino y lo humano en Cristo).[1]
3) La visión de la realidad “optimista-pesimista-optimista”: tenemos un optimismo fundamental que afirma que todo lo que Dios ha creado es “bueno... muy bueno” (Gn 1, 4.10.12.18.21.25.31). Pero no somos ilusos: sabemos que el mal existe y tiene efectos destructivos (Gn 3ss); no obstante, mantenemos un optimismo final, basado en la Palabra de Dios, que nos revela que la historia tiene un final glorioso (Ap 21-22).


Rasgos de la modernidad.

1) Antropocentrismo: el hombre como centro del universo, sin referencia a Dios. El “superhombre”. La “muerte de Dios”.
2) Individualismo.
3) Racionalismo: confianza ilimitada en las posibilidades de la inteligencia humana para controlar la realidad, incluso las 

mismas tendencias internas del hombre.
4) Autonomía absoluta de cada esfera de la vida (economía, política, arte, etc.), sin referencia a las otras, ni a valor alguno superior.
5) Fragmentación del pensamiento y de la cultura: unidades independientes, sin relación mutua.
6) Confianza en un progreso indefinido.
7) Inmanentismo: no hay referencia a una trascendencia posterior y superior a esta vida terrenal.
   – Materialismo: se valoran los bienes materiales (útil – placer)
   – Hedonismo: si todo lo que hay es el más acá: disfrutemos lo más posible... (placer)
8) Funcionalismo: lo importante es la producción de bienes y servicios. Primacía de lo útil (en detrimento de los valores).
9) Subjetivismo: lo importante no es la realidad de las cosas -incluso se duda que se pueda conocer la realidad- sino lo que yo siento o pienso.
10) Ruptura de la unidad entre fe y razón.

Rasgos de la “posmodernidad”.

1) Se desvaloriza el hombre: sólo es un número (tanto en el capitalismo como en el comunismo).
La “muerte del hombre”.
2) Se agudiza el individualismo: todos contra todos (“darwinismo social”: “Dallas”, “Sin código”, “Doble vida”).
3) Irracionalismo: la razón fracasó. Relativismo: no hay nada seguro, todo es relativo. Al final: escepticismo.
4) Permanece la autonomía absoluta.
5) Se agudiza la fragmentación.
6) Escepticismo: la ciencia sirve para el mal, para quitar libertad al individuo. El fin de la historia.
7) Permanece el inmanentismo.
– Materialismo: se incrementa: consumismo desenfrenado
8) Se agudiza el funcionalismo: se usa incluso a las personas.
9) Subjetivismo irracionalista.
10) Ni fe, ni razón... ni siquiera sentimientos (más o menos estables) => la sensación del momento
– Hedonismo

         
La respuesta cristiana a la “posmodernidad”.                     “Que nuestra respuesta ante la realidad
                                                                                                no sea una reacción, sino una creación”

1) El hombre como imagen de Dios. Dios como garante de la inviolabilidad de la dignidad humana.
El ser humano como “unidad múltiple” que conjuga lo espiritual y lo material.
2) Personas en comunión: ni individualismo, ni comunismo, ni aislamiento ni masificación, sino cultivo de una soledad personalizante y de una comunión personalizada.
3) Confianza en la razón, reconociendo sus límites. El diálogo como método corrector de errores.
No todo es relativo: hay cosas seguras, pero estamos en camino hacia la verdad completa.
Las dos funciones de la razón: razonamiento y contemplación. Apertura a la realidad total (invisible).
4) Autonomía relativa de las realidades temporales: todo es bueno; no hay cosas esencialmente malas; cada esfera de la vida tiene su importancia relativa, y se relaciona con las otras, y con principios superiores: los valores. Referencia a Dios, como el Absoluto que sostiene lo relativo.
5) Ni fragmentación, ni integrismo monolítico: diálogo (respeto de las individualidades y de las autonomías relativas, que no deben cerrarse sobre sí mismas, sino enriquecerse con las diferencias).
6) Confianza fundamental en las posibilidades humanas, con apertura a la gracia de Dios.
7) Apertura a la trascendencia, que compromete en la construcción de un mundo más solidario.
8) Teoría cristiana de los bienes: primero los valores (personas y virtudes), luego el placer, finalmente lo útil.
9) Intersubjetividad: diálogo, encuentro, comunión, respeto por el otro en cuanto otro.
10) Fe y razón: contemplación y especulación, integración de lo natural (que es bueno) y de lo sobrenatural (que es mejor).


[1] El “principio de comunión” plantea, en definitiva una “comunión horizontal”, es decir, entre realidades fundamentalmente iguales; el “principio de encarnación” plantea, una “comunión vertical”, es decir, entre realidades cualitativamente distintas.

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