Teología Fundamental 2020
Cuestión 1: ¿Tiene
sentido tener una religión?
Objeciones.
1. Hay mucha
gente que no tiene religión y parece que no les afecta para nada.
2. Los medios de
comunicación se interesan poco y nada por la religión. Y son un reflejo de la
sociedad.
3. La religión
es aburrida.
4. Las
religiones imponen muchas reglas y límites que no permiten ser feliz.
5. La religión
es para gente ignorante y crédula: hoy estamos en la época de la ciencia y de
la razón.
6. Hay
demasiadas religiones ¿cómo saber cuál elegir?
7. Incluso hay
personas que matan y hacen guerras por motivos religiosos.
8. La religión
rebaja la dignidad humana, sometiendo el hombre a Dios.
9. La religión
es “opio de los pueblos” y narcotiza el impulso para hacer un mundo mejor.
Respuesta general
1. El deseo de
Dios está escrito en el corazón del hombre (“El hombre busca a Dios...). (Ver
CCE 27-30).[1]
2. La felicidad
humana no está en las cosas creadas (Ver CCE 1718-1719).
3. Las
religiones creadas por el hombre:
1. Apertura a una posible
revelación y comunión con Dios: “Llevan
en sí mismas el eco de
milenios de la búsqueda de Dios...claman por el
conocimiento pleno del misterio, que es Cristo” (EN 53; ver CCE 56-58).[2]
2. Pero con muchas
desviaciones: superstición, idolatría, magia (Ver CCE 2110-2117).
3. Valoración católica
de las religiones creadas por el hombre (...y no lo encuentra”).
1. Textos básicos:
Rm 1,18-28; 2,14-16; CCE 36-38 y 842-848.
2. Ver también:
EN 53, LG 16, NA 1-2 (cf. CCE 843, 847, 842 y 2104).
Respuestas a las objeciones.
1. La tendencia religiosa humana es
irrefrenable: quien no la canaliza bien, la canaliza mal, pues todos tenemos un
“valor supremo” en nuestra escala de valores, el cual es nuestro dios.
2. Los grandes medios de comunicación
están “en manos
de grupos de poder y al servicio de intereses económicos, [y] a veces violan la
intimidad, favorecen la anarquía y publicitan la violencia. Es aún más grave
cuando se erigen en jueces que juzgan y condenan, confunden y banalizan hasta
lo más sagrado. En desmedro de la verdad, relativizan todo y destruyen valores
claves para la familia, la educación y el pueblo.” (CEA, Navega Mar
Adentro 26).
3. ¿Encontrarse con Dios
es aburrido? Dios es la
Vida Eterna , la Verdad Total y el Amor Infinito. Buscar y
encontrar a Dios (o “el Paraíso Perdido” o “la Fuente de la Vida ”, etc.) es la mayor
aventura imaginable. Por otra parte, la gente se aburre con lo que no
entiende... hasta que lo entiende (por ejemplo, pasa con los deportes).
4. Los límites verdaderos
que aconseja el verdadero Dios, resguardan la vida del hombre y su felicidad
(ver Gn 2-3). Vivir sin ningún tipo de límites lleva a la muerte (como pasa con
las adicciones y desenfrenos).
5.
Lo veremos en la Cuestión
12: ¿Se puede ser creyente,
sin dejar de ser pensante? La relación entre fe y razón.
6.
Lo veremos, sobre todo, en la
Cuestión 6:
¿Dios le habló a la humanidad? y en la Cuestión 7: ¿Por qué creer en Jesús (y no en
Buda, Confuncio, u otro)?
7.
Los primeros cristianos eran
profundamente fieles a la enseñanza y al ejemplo de Jesús, se nos dice que: “Todos
los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones
y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada
uno... con un mismo espíritu, partían el
pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.
Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo.” (Hechos
2, 44-47). Y también: “La multitud de los creyentes no tenía sino un solo
corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo
era en común entre ellos... y gozaban todos de gran simpatía. No había
entre ellos ningún necesitado...” (Hechos 4, 32-34).
En todo esto
eran fieles al ejemplo de Jesús quien dijo de sí mismo que “no ha
venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida” (Marcos 10, 45), y al
mandamiento nuevo de Jesús: “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los
unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos
a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el
amor que se tengan los unos a los otros”. (Juan 13, 35). Y Jesús
no sólo establece un amor entre hermanos cristianos, sino un amor incondicional
y universal que abarca incluso a los “enemigos (ver Mateo 5, 43-48).
Y si hay
cristianos incoherentes, siempre está el clarísimo modelo que es Jesús, que
desautoriza esas incoherencias. Pues el cristianismo es cristianismo por
Cristo; no es cristianismo ni por Pedro, ni por Pablo... y mucho menos por
Judas.[3]
8. El máximo nivel que puede alcanzar la
dignidad humana es la filiación divina... ¡somos hijos de Dios! (cf. CCE 27b). Y esto nos libera de todas las
esclavitudes: de la muerte –y del temor a la muerte (Hb 2,15)–, del pecado y de
la Ley (cf. Rom 5-7)...
para vivir “en el Espíritu” (Rom 8); para vivir en la Vida , la Verdad y el Amor (cf. todo
el Evangelio de Juan).
9. La
religión es motivación para hacer un mundo mejor. Pues, por una parte, Jesús
nos enseña que sólo sirviendo a los hermanos más necesitados podremos acceder a
su Reino Eterno (Mt 25, 31ss)... lo cual significa que en el cristianismo la
mística y la moral son inseparables; y el núcleo de ambas está en las virtudes
teologales: fe, esperanza y caridad. Y, por otra parte, “todos estos frutos
buenos de nuestra naturaleza y de nuestra diligencia, tras haberlos propagado
por la tierra en el Espíritu del Señor y según su mandato, los encontramos
después de nuevo, limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados cuando
Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal” (CCE 1050 citando GS
39,3).[4]
[1] La sigla CCE
significa “Catecismo de la Iglesia Católica”. Las abreviaturas bíblicas son las
usuales.
[2] La sigla EN corresponde al documento de Pablo VI Evangelii Nuntiandi. Y las siglas LG y
NA remiten a los documentos del Concilio Vaticano II Lumen Gentium y Nostra Aetate,
respectivamente.
[3] En cuanto al problema de las incoherencias de cristianos de otras
épocas, en realidad, es más difícil de analizar de lo que parece. Pues, si bien
el evangelio siempre fue el mismo, los condicionamientos históricos de las
distintas épocas son muy difíciles de evaluar a distancia. No existe un método
histórico que nos permita saber –concretamente– cómo veía el mundo una persona
de otra época. Y hay ejemplos recientes que nos muestran que la humanidad es
más precaria de lo que creemos.
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